Firmas amigas IV , La música en Semana Santa

 



musica en semana santa




La Música en la Semana Santa

    La conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, y

más concretamente el Triduo Sacro -Jueves, Viernes y Sábado

Santos-, es el centro del año litúrgico cristiano. Este momento

tan especial ha estado, desde siempre, envuelto de ciertas

peculiaridades. Históricamente, toda muestra de alegría quedaba

prohibida: se erigían grandes monumentos, se cubrían los retablos

o se cerraban sus puertas, y el interior de las iglesias se

tornaba en un espacio oscuro y fúnebre. Enmudecían las campanas,

que eran sustituidas por el sonido seco de matracas y carraclas, y

en cuanto a la música, también callaban los grandes órganos de las

iglesias, reemplazados por instrumentos menos habituales en la

iglesia.

    El componente melancólico y funesto de esta celebración, plasmado

desde los orígenes en textos que narran los acontecimientos de la

pasión, ha tenido a lo largo de los siglos a la música como mejor

aliado para aludir de manera sensible y con un marcado carácter

teatral al dolor y al amor de los protagonistas de la historia, y

más concretamente de Cristo y de la Virgen, invitando a la

compasión, devoción y arrepentimiento de todos los fieles.

Estas características han despertado durante siglos, y todavía en

la actualidad, la atención y el interés de músicos y compositores,

favoreciendo el desarrollo de gran cantidad de formas musicales y

géneros para cada celebración, tanto dentro como fuera de la

liturgia: Pasiones, Lamentaciones o Lecciones de Tinieblas, el

Miserere, Dolorosos o el Stabat Mater, y un largo etcétera.

Esta música presente siempre en el interior de iglesias y

catedrales durante la liturgia y demás ceremonias paralitúrgicas,

ha sido también un elemento esencial de las procesiones: capillas

de música, cantores, pífanos y cajas enlutadas, campanas roncas,

bandas y demás instrumentos, han estado presentes a lo largo de la

historia en los desfiles procesionales.

    La música tiene la capacidad de hacernos sentir; como nos hace

vibrar el estruendo de los tambores y bombos en Aragón, como nos

emocionan las saetas, jotas, marchas de cornetas o la música de

capilla, y como nos estremecen, plasmadas por los mejores

compositores, las últimas palabras de Cristo en la Cruz o el dolor

de la Virgen.











Carlos González Martínez

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