martes, 13 de marzo de 2018

Museo de la Semana Santa de Zaragoza

Nos gustan en Zaragoza los museos, ya sea para no pisarlos , o no salir de ellos. Pero nos gustan y los tenemos a pares. Grandiosos, pequeños, históricos, modernísimos, bellos y  terribles. Quien visite nuestra bimilenaria ciudad podrá relinchar con Goya, Gargallo, o Serrano. Romanear entre el polvo del Teatro, del Foro, de las Termas, del Puerto Fluvial. El Provincial, del Fuego, de Origami, de Historias, de Tapices, el Diocesano, de Faroles del Rosario de Cristal, de Ciencias naturales, las paredes del Roncal,el Acuario,  de  la Infanta, de la Aljafería, de la Magia, de Cerámica, del Real Zaragoza, el de la Tortilla, la barra de Casa Unai y hasta la cocina que lo parió.
El Pilar, la Seo, San Cayetano, San Felipe, Santiago, la Magdalena, San Pablo y todas y cada unas de las iglesias que hay en Zaragoza son museos, el Pasaje del Ciclón, los bajos de la Misericordia, el cementerio antiguo, Capitanía General, el Parque Labordeta, la Lonja,

 o la memoria de un viejo que te cuenta cómo sacaron en blanco y negro las primeras procesiones modernas contra viento y marea.

Por ellos, por su memoria, por la de los que vengan detrás, y porque no hay uno de Semana Santa, firma la propuesta .

 Toda la información de cómo hacerlo, aquí


miércoles, 7 de marzo de 2018

Verónica; paños ,mujeres y valientes



Cruces que suman la subida al Calvario.

Vía Crucis que resume en paradas los momentos clave desde que porta Jesús la cruz hasta que es sepultado.

En la quinta el que pone nombre a este blog ayuda a portar el madero hasta el Gólgota, así lo dejan escrito Mateo, Marcos, y Lucas en los evangelios.

En la sexta, Verónica limpia la sangre y el sudor de la faz de Cristo. Así lo deja escrito Nicodemo en su apócrifo evangelio.


La Verónica.

Vero icon, o verdadera imágen. Mujer asociada a la sangre.  La sangre chorreante de espino que le limpia a Jesús, la sangre  en desarreglo menstrual que Jesús le arregla, con solo dejarle tocar su túnica sagrada llena de fe, en el recordado pasaje de la hemorroísa.

La Verónica agarra fuerte el lienzo, el paño, lo muestra, a la altura de la cintura. El de la cruz se le acerca. Ella se lo aplica al rostro del ser humano que sufre escarnio por todos nosotros. Ese que escala su montaña en busca de su Padre. Y sigue su camino de piedras.
Verónica ve perderse entre la agitada multitud esa cara que nunca olvidará. Ni la humanidad.
Al llegar a casa , consternada por lo que aún ha visto, se dispone a preparar la comida para el señor de la casa, que aún tardará en venir por festejar la pascua con aquellos que liberaron a Barrabás. Todo el pueblo. Saca del vestido el pañuelo, y ahí está Él. Le mira cara a cara a la hora en que el cielo se rompe y el rabí expira su última palabra entre ladrones.
En el pañuelo ha quedado grabado el Santo Rostro.

He aquí lo que vio Verónica:




Y lo que veneran en la maravillosa patrimonial Catedral de Jaén. Y en Alicante, y en Manoppello,  y en Edesa
En Turín, y en Oviedo,, estos dos últimos son los sudarios. Se entiende pues, que pensáramos en tetradiplon de cuatro pliegues de telas y sudarios de embalsamar.

Verónica ha trascendido más allá de los pliegues, de leyendas medievales, de Borromeo, etc  . Es un símbolo que representa la mujer que se lanza sin miedo a socorrer y limpiar a un hombre denostado por otros hombres. Arriesgándose a ser insultada doblemente en la fiesta de los cuervos.
Está escrito que Jesús quiso a las mujeres a su lado, a las más humildes, a las que más sufrían, y las trató como iguales. Como a la de malvivir Magdalena, como a su joven Madre, como a María la de Betania, María la de Cleofás, o María Salomé. Jesús luchó por ellas, y las dignificó para la historia.



Hoy, Verónica , está presente en el arte, y perpetuada para la historia desde que Pepe Hilo en su Tauromaquia de 1796 la mencionara y describiera como "aquella suerte que el diestro ejecuta situándose con la capa rigurosamente enfrente del toro". Más tarde glorificada entre arena y sangre, la sangre una vez más,  por Paula, Morante, Curro Romero o Belmonte, el nazareno de El Cachorro.


Juan Belmonte


Verónica mostró el mismo valor en la subida al Gólgota que los toreros a la verónica. Contracorrientes antiguas y modernas, asomados al que sangra, corazón dolorido, sin importarle a quién. Agarrando paños fuertemente.

Para toda la eternidad.



Verónica de Van der Weyden



Verónica de El Greco

Verónica de Daniel Clavero. (Semana Santa Zaragoza)

Verónica de Morante de la Puebla. Por Diego Ramos.